Por Villa Católica || 12 de Septiembre de 2026
El Año Jubilar Guadalupano, que comenzará el 12 de octubre de 2026 y concluirá el 12 de octubre de 2027, abre una oportunidad especial para que las familias mexicanas se acerquen juntas a la Basílica de Guadalupe, conozcan mejor esta tradición y vivan una experiencia de fe que vaya más allá de una visita turística.
El Papa León XIV, a través de la Penitenciaría Apostólica, concedió este jubileo con motivo del 50.º aniversario de la dedicación de la Nueva Basílica de Santa María de Guadalupe y del traslado de la Sagrada Imagen, realizado el 12 de octubre de 1976. Durante este periodo, los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria bajo las condiciones establecidas por la Iglesia.
Pero ¿qué significa exactamente?, ¿qué hay que hacer?, ¿puede convertirse en una actividad familiar? Aquí te lo explicamos paso a paso.
Una peregrinación que puede comenzar antes de salir de casa
Para una familia, vivir el Jubileo no tiene por qué empezar al llegar al Tepeyac.
La preparación puede comenzar desde casa explicando a los niños por qué visitarán la Basílica, recordando juntos la historia de Nuestra Señora de Guadalupe y san Juan Diego o conversando sobre alguna intención especial que quieran llevar consigo.
Puede ser por la salud de alguien, por una dificultad familiar, en agradecimiento por algo recibido o simplemente por el deseo de dedicar un día a estar juntos.
La idea es que la peregrinación tenga un sentido claro: no solamente ir a ver la imagen de la Virgen, sino saber por qué se está realizando ese camino.

¿Qué hay que hacer para obtener la indulgencia plenaria?
La información publicada con motivo del Año Jubilar Guadalupano señala que los fieles que visiten con devoción y espíritu contrito la Basílica de Santa María de Guadalupe, participen en algún acto litúrgico o dediquen allí un tiempo a la oración podrán obtener la indulgencia plenaria.
Además, deberán cumplirse las condiciones habituales establecidas por la Iglesia: confesión sacramental, comunión eucarística, profesión de fe mediante el Credo y oración por las intenciones del Santo Padre.
A estas condiciones se suma una disposición interior que forma parte de la disciplina general de las indulgencias: procurar estar libre de todo apego voluntario al pecado, incluso venial. La Iglesia explica que, si esta disposición no es completa, la indulgencia obtenida será parcial en lugar de plenaria.
En términos muy sencillos, una familia podría organizar su peregrinación de esta manera:
- Prepararse interiormente y acudir a la confesión. No se trata solamente de cumplir un requisito, sino de comenzar el Jubileo buscando una reconciliación sincera con Dios.
- Peregrinar a la Basílica de Guadalupe. Durante la visita, participar en la Santa Misa u otro acto litúrgico, o dedicar un tiempo a la oración ante Nuestra Señora de Guadalupe.
- Recibir la Sagrada Comunión.
- Rezar el Credo, como profesión de la fe católica.
- Orar por las intenciones del Papa León XIV. La normativa de la Iglesia señala que un Padrenuestro y un Ave María bastan para cumplir esta condición, aunque puede rezarse otra oración.
- Vivir todo lo anterior con un verdadero deseo de apartarse del pecado y acercarse a Dios.
No es necesario convertir el día en una carrera para “cumplir requisitos”. Al contrario: si se realiza con calma, puede convertirse en una experiencia familiar especialmente bonita.
¿La confesión tiene que ser exactamente el mismo día?
No necesariamente.
La normativa general de la Iglesia permite que la confesión, la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen algunos días antes o después de la obra a la que está vinculada la indulgencia. Sin embargo, recomienda especialmente que la comunión y la oración por el Santo Padre se realicen el mismo día.
Esto puede facilitar mucho la organización de una familia.
Por ejemplo, pueden confesarse previamente en su parroquia y después realizar la peregrinación a la Basílica, participar en Misa, comulgar y dedicar juntos un tiempo a la oración.
¿Qué es realmente una indulgencia plenaria?

Este es probablemente uno de los conceptos que más confusión genera.
Una indulgencia no perdona los pecados sin confesión y tampoco sustituye el arrepentimiento.
La Iglesia la define como la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a pecados cuya culpa ya ha sido perdonada. Cuando esa remisión es completa, se llama indulgencia plenaria; cuando es parcial, indulgencia parcial.
Por eso la confesión y la disposición interior tienen tanta importancia.
No se trata de realizar una serie de acciones de manera automática, sino de que esas acciones acompañen un proceso real de conversión y reconciliación.
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Otro aspecto especialmente significativo para las familias es que la indulgencia plenaria puede obtenerse para uno mismo o aplicarse por las almas del Purgatorio. Así lo indica expresamente el anuncio del Año Jubilar Guadalupano.
Esto puede dar un sentido muy especial a una peregrinación familiar.
Una familia podría, por ejemplo, realizarla recordando a un abuelo, padre, hermano u otro ser querido fallecido y ofrecer por él la indulgencia obtenida.
La normativa de la Iglesia aclara que las indulgencias pueden aplicarse a los difuntos a modo de sufragio.
¿Cómo hacerlo especial para los niños?
Para los pequeños, una explicación demasiado técnica sobre indulgencias probablemente no será lo más memorable del día.
Puede funcionar mucho mejor ayudarles a comprender que están realizando una peregrinación: un viaje que se hace con una intención y no solamente para visitar un lugar.
Antes de salir pueden escribir juntos una intención, aprender brevemente quién fue san Juan Diego, preparar flores para la Virgen o escoger una oración que rezarán al llegar.
Durante la visita también pueden observar la tilma, conocer algunos espacios de la Basílica y participar en la Misa.
Así, el Jubileo puede convertirse en una oportunidad para transmitir una tradición familiar de una manera comprensible y cercana.

¿Y si nuestra familia no puede viajar a Ciudad de México?
Aquí conviene hacer una distinción importante.
La concesión anunciada específicamente para este Año Jubilar establece como obra jubilar la visita devota a la Basílica de Santa María de Guadalupe, acompañada de un acto litúrgico o de un tiempo de oración.
Por ello, no sería correcto afirmar simplemente que cualquier oración realizada desde cualquier lugar concede automáticamente esta indulgencia particular.
La disciplina general de la Iglesia contempla disposiciones para personas legítimamente impedidas de cumplir determinadas condiciones, pero la aplicación concreta depende de las normas correspondientes.
Si por enfermedad, edad u otra circunstancia seria alguien no puede peregrinar, lo más prudente será consultar con su parroquia o seguir las indicaciones oficiales que publique la Basílica durante el desarrollo del Jubileo.
Un camino que también mira hacia 2031
Este Año Jubilar ocurre además en un momento muy especial para la devoción guadalupana.
En 2031 se cumplirán 500 años del Acontecimiento Guadalupano, y la Iglesia en México lleva varios años preparándose para esta fecha.
Por eso, el Jubileo de 2026-2027 puede convertirse para muchas familias en una primera oportunidad para volver a conocer la historia de Guadalupe, recuperar tradiciones familiares o iniciar un camino que continúe durante los próximos años.
Más que limitarse a una sola peregrinación, puede despertar preguntas muy sencillas: ¿qué significa Guadalupe para nuestra familia?, ¿quién nos enseñó a rezarle?, ¿qué recuerdos tenemos relacionados con ella?, ¿qué queremos transmitir a nuestros hijos?
Un Jubileo para vivir juntos
Tal vez ahí esté una de las mayores riquezas de este Año Jubilar Guadalupano.
Las condiciones para recibir la indulgencia son personales, pero el camino puede hacerse juntos.
Padres, hijos y abuelos pueden peregrinar, participar en la Eucaristía, rezar por sus necesidades, recordar a quienes ya no están y descubrir nuevamente una devoción que ha acompañado a innumerables familias durante generaciones.
Entre el 12 de octubre de 2026 y el 12 de octubre de 2027, la Basílica de Guadalupe recibirá a quienes quieran vivir este tiempo jubilar.
Y quizá una peregrinación familiar pueda comenzar con algo tan sencillo como decidir una fecha, elegir una intención y volver a escuchar aquellas palabras que han acompañado durante siglos la devoción guadalupana:
“¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”